La primera visita a un monte que va a ordenarse suele parecerse bastante a las anteriores. Se recorre la finca, se miran los pinos, se pregunta al propietario qué recuerda de los últimos aprovechamientos y casi siempre aparece la misma frase: aquí nunca se ha tocado nada. A partir de ahí empieza un trabajo que mezcla campo, gabinete y trámite administrativo.

Un proyecto de ordenación de montes es el documento técnico que ordena ese caos aparente. Fija qué se puede hacer en la finca, en qué cantidad y en qué momento. No es una declaración de intenciones. Es un plan con cifras, cartografía y calendario.

Qué es exactamente un proyecto de ordenación

Se trata del instrumento de gestión forestal por excelencia. Estudia el monte en su conjunto y planifica sus usos durante un periodo largo, normalmente entre diez y veinte años.

El documento responde a tres preguntas básicas:

  • Qué hay en el monte, con datos medidos, no estimados a ojo
  • Qué se quiere obtener de él: madera, pastos, caza, protección del suelo, paisaje
  • Cómo se llega desde una situación a la otra sin agotar el recurso

Cuando la superficie es pequeña o la gestión es sencilla, se redacta un plan dasocrático o un plan técnico simplificado. La lógica es la misma, con menos exigencia de detalle.

Quién tiene obligación de ordenar su monte

La Ley 43/2003 de Montes establece en su artículo 33 que los montes catalogados de utilidad pública y los montes protectores deben contar con un proyecto de ordenación, un plan dasocrático o un instrumento equivalente. Cada comunidad autónoma decide después en qué casos se extiende esa obligación a los montes privados no protectores.

Hay un segundo motivo, más prosaico, que empuja a muchos propietarios a ordenar su finca:

Las ayudas y subvenciones forestales se conceden con preferencia a los montes que ya disponen de un instrumento de gestión aprobado.

Sin proyecto, tampoco se puede planificar un aprovechamiento maderero de cierto volumen ni certificar la gestión sostenible.

Todo empieza con el inventario

El inventario es la parte más costosa en horas y la que sostiene todo lo demás. Se replantea una red de parcelas de muestreo repartidas por el monte y en cada una se mide el arbolado: diámetros normales, alturas, especies, estado sanitario, presencia de regenerado.

Con esos datos se calculan las existencias reales. Volumen en metros cúbicos por hectárea, área basimétrica, número de pies, crecimiento anual. También se anota lo que no se mide con forcípula: matorral, pastos, indicios de fauna, erosión, caminos en mal estado.

En paralelo se estudian otros tres bloques:

  • Estado legal. Titularidad, límites, servidumbres, montes vecinos, figuras de protección como Red Natura 2000
  • Estado natural. Clima, suelo, geología, vegetación potencial, riesgo de incendio
  • Estado socioeconómico. Usos tradicionales, aprovechamientos históricos, mercado local de productos forestales

Si la finca está dentro de un espacio protegido, este análisis condiciona todo lo que venga después. En esos casos suele encajar con la tramitación ambiental que abordamos desde nuestro servicio de calidad ambiental.

El monte se divide para poder gestionarlo

Un monte de cuatrocientas hectáreas no se trata como una unidad. Se fracciona siguiendo criterios de vegetación, pendiente, orientación y accesibilidad.

La división habitual va de mayor a menor:

  1. Cuarteles, que agrupan zonas con un mismo objetivo de gestión
  2. Cantones, unidades permanentes delimitadas por elementos estables del terreno
  3. Rodales, superficies homogéneas en especie, edad y densidad

Esta división dasocrática se apoya en cartografía propia y en trabajo de campo. Es lo que permite decir con precisión en este rodal se clarea el año que viene en lugar de hablar del monte en abstracto.

Decidir cuánto se puede cortar cada año

Aquí entra el plan general. Se elige la especie principal, el método de beneficio, el tratamiento selvícola y el turno, es decir, la edad a la que se considera que el arbolado alcanza su madurez para el objetivo fijado.

De ese conjunto de decisiones sale la posibilidad: el volumen que puede extraerse en cada periodo sin comprometer la masa. Un pinar de Pinus halepensis en el interior valenciano no admite las mismas cifras que un pinar de laricio en zona de mayor precipitación. La posibilidad se ajusta al crecimiento real medido en el inventario.

El plan especial concreta el trabajo del día a día

El plan general marca el rumbo a largo plazo. El plan especial baja al detalle y cubre el primer periodo de vigencia, habitualmente diez años.

Incluye el calendario de actuaciones rodal por rodal, con clareos, claras, podas, cortas de regeneración y trabajos de prevención de incendios. Añade también el plan de mejoras (caminos, puntos de agua, fajas auxiliares) y un presupuesto con la valoración de ingresos y gastos previstos.

La aprobación la firma la administración forestal

El documento se presenta ante el órgano forestal de la comunidad autónoma, que lo revisa y lo aprueba. La ley exige que la redacción esté dirigida y supervisada por profesionales con titulación forestal universitaria.

En la Comunitat Valenciana, el proyecto debe además ser coherente con el planeamiento forestal vigente y con las figuras de protección que afecten a la finca. Esa revisión previa evita requerimientos que retrasan el expediente varios meses.

Cuánto tiempo lleva redactar uno

Depende de la superficie y de la complejidad del monte, pero conviene manejar plazos realistas:

  • Trabajo de campo: de dos a ocho semanas, condicionado por la época del año
  • Redacción y cartografía: entre dos y cuatro meses
  • Tramitación administrativa: variable, con frecuencia más de seis meses

El inventario tiene una limitación práctica importante. Las mediciones se hacen fuera del periodo de máximo riesgo de incendio y evitando la época de nidificación en montes con avifauna sensible. Planificar el encargo con antelación ahorra un año entero de espera.

¿Tienes un monte sin instrumento de gestión? Desde Ayora redactamos proyectos de ordenación, planes dasocráticos e inventarios forestales en toda la Comunitat Valenciana, Albacete y Cuenca. Consulta nuestro servicio de proyectos ambientales y gestión forestal o escríbenos y estudiamos tu caso.

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